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OMS advierte impacto económico de los entornos laborales tóxicos
El estrés crónico, la discriminación y la falta de bienestar en los espacios de trabajo generan un impacto económico significativo a nivel mundial, con pérdidas estimadas en cerca de 1 billón de dólares anuales en productividad, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En este contexto, los entornos laborales tóxicos se han convertido en un factor crítico para las organizaciones, al influir directamente en la rotación de talento, el ausentismo y el desempeño general de las empresas.
De acuerdo con especialistas, un ambiente laboral tóxico suele estar asociado a liderazgos autoritarios, baja inclusión, falta de empatía y ausencia de estrategias enfocadas en el bienestar de los colaboradores, lo que deriva en estrés, ansiedad y desmotivación.
La OMS advierte que la depresión y otros trastornos relacionados con el entorno laboral representan una de las principales causas de pérdida de productividad a nivel global, lo que se traduce en costos millonarios para las empresas.
A este impacto se suman los costos asociados a la rotación de personal, ya que reemplazar a un colaborador puede representar entre el 50% y el 200% de su salario anual, sin considerar el deterioro en la reputación de la marca empleadora.
Ante este panorama, organizaciones están recurriendo al coaching como una herramienta para transformar la cultura laboral y rediseñar los espacios de trabajo hacia modelos más saludables, inclusivos y productivos.
La International Coaching Federation (ICF) señala que no basta con implementar acciones superficiales de bienestar, sino que es necesario impulsar cambios estructurales en la cultura organizacional.
Entre los principales ejes que recomienda la ICF se encuentran la construcción de seguridad psicológica en los equipos, el desarrollo de un liderazgo saludable y la promoción de la inclusión real dentro de las organizaciones.
En el caso de la seguridad psicológica, se busca crear entornos donde el error sea entendido como parte del aprendizaje, mientras que el liderazgo saludable se enfoca en reducir riesgos como el burnout mediante una gestión más empática de los equipos.
Por su parte, la inclusión real implica garantizar oportunidades equitativas para personas con distintas perspectivas, experiencias y trayectorias dentro del entorno laboral.
Especialistas coinciden en que eliminar la toxicidad organizacional requiere ir más allá de acciones aisladas y avanzar hacia una transformación profunda de la cultura empresarial.
En este sentido, el coaching organizacional se posiciona como un recurso clave para acompañar a las empresas en la eliminación de “fugas” de capital humano e intelectual, generadas por entornos laborales poco saludables.
En un mercado cada vez más competitivo, la productividad se entiende cada vez menos como resultado de la presión y más como consecuencia de la seguridad, el bienestar y la confianza dentro de los equipos de trabajo.
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