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El reto para proteger a menores en internet es verificar su edad sin exponer la identidad

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El reto para proteger a menores en internet es verificar su edad sin exponer la identidad

La protección de niñas, niños y adolescentes en los entornos digitales está abriendo una nueva discusión a nivel internacional centrada en cómo pueden las plataformas saber si una persona cumple con la edad requerida para acceder a determinados servicios o contenidos sin obligarla a entregar más información privada de la necesaria.

“La discusión no debería de centrarse en si debemos comprobar la edad en línea, sino cómo hacerlo sin crear nuevos riesgos para la privacidad. Proteger a los menores y a los datos personales no son objetivos opuestos; por ello, la tecnología ya permite comprobar si se cumple con una edad determinada sin necesidad de conocer la identidad ni conservar el rostro”, mencionó Ricardo Amper, fundador y CEO de Incode.

Esto adquiere especial relevancia frente a los riesgos que enfrentan los menores en entornos digitales. De acuerdo con el estudio Disrupting Harm México, presentado por UNICEF, ECPAT International e Interpol en junio de 2026, uno de cada ocho adolescentes internautas en México sufrió explotación o abuso sexual facilitado por tecnologías digitales, lo que equivale a alrededor de 1.6 millones de casos.

El tema comienza a cobrar relevancia también en México ante el planteamiento federal de la posibilidad de adoptar medidas similares a las que se examinan en Estados Unidos, para que las plataformas recurran a tecnologías de verificación de edad y eviten que menores accedan a servicios que no corresponden a su rango de edad.

La conversación ocurre mientras distintos países avanzan hacia esquemas de garantía de edad. Hoy existen más de 30 leyes o marcos regulatorios de este tipo en vigor alrededor del mundo; en países como Reino Unido, Australia, Brasil y algunas regiones de Estados Unidos han desarrollado o fortalecido medidas para comprobar la edad de los usuarios.

Sin embargo, corroborar la edad no siempre significa identificar a un ser humano. Ese principio está impulsando una nueva generación de tecnologías capaces de determinar si se encuentra por encima o debajo de un umbral de edad sin solicitar documentos de identidad ni almacenar su rostro.

En México, la alta adopción de internet entre niñas, niños y adolescentes dimensiona la relevancia del desafío. La ENDUTIH 2025 del INEGI muestra que 85.4 por cinto de la población de 6 a 14 años usa internet; y el teléfono inteligente se ha consolidado como uno de los principales dispositivos de acceso al entorno digital, lo que abre la posibilidad de que mecanismos como la estimación de edad se ejecuten en dichos aparatos.

La encuesta de Internet Matters sobre el impacto de las medidas implementadas a partir de la Online Safety Act, en Reino Unido, reveló que 39 por cinto de los padres y 42 por cinto de los niños consideran que internet se ha vuelto más seguro recientemente; y 53 por cinto de los menores aseguró que ya les han pedido confirmar su edad en al menos una plataforma.

Pero persiste un reto importante: 46 por cinto opina que estos controles son fáciles de eludir y 32 por cinto reconoce haberlos evadido, por ejemplo, ingresando una fecha de nacimiento falsa. Los datos refuerzan la necesidad de avanzar hacia mecanismos de verificación de edad que, además de proteger la privacidad de los usuarios, cumplan a cabalidad su objetivo de impedir que menores accedan a contenidos o funciones no apropiados para ellos.

Incode, compañía especializada en identidad digital y prevención de fraude, desarrolló una tecnología de estimación de edad que procesa la información en el teléfono, tableta o computadora del usuario.

Todo ello, sin almacenar nada, la inteligencia artificial procesa localmente el rostro y determina si alguien cumple con el umbral de edad fijado por la plataforma; la clave está en que solo se comparte el resultado del cálculo a partir de la imagen facial.

Asimismo, el sistema incorpora detección de vida para comprobar que frente a la cámara hay una persona real y no una fotografía, un video pregrabado o un deepfake. A la par, evalúa información no biométrica de la sesión para prevenir posibles intentos de manipulación.

Este tipo de modelos plantea una diferencia relevante para el debate regulatorio: comprobar edad no tiene que equivaler a entregar identidad. Así, una plataforma puede conocer si una persona cumple con los requisitos para acceder a determinado contenido sin conocer su nombre, fecha exacta de nacimiento o conservar una identificación oficial.

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