Bancos
Gasolina “más barata”… mientras el subsidio aguante: el costo oculto del alivio al consumidor
BBVA México participa en un esquema para reducir comisiones en pagos digitales de gasolina que beneficia a gasolineras y, de forma indirecta, al consumidor. Sin embargo, el verdadero sostén del precio sigue siendo el subsidio del gobierno, cuya permanencia depende del entorno petrolero internacional.
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El plan para contener el precio de las gasolinas suma un nuevo componente: la reducción de comisiones en pagos digitales. La banca, encabezada por BBVA México, busca aliviar los costos transaccionales que enfrentan las estaciones de servicio. Pero detrás del discurso de eficiencia, el impacto real revela una ecuación más compleja: el beneficio llega al consumidor, sí, pero sostenido por subsidios públicos.
Menos comisiones, más margen… ¿y precios más bajos?
El director general del banco, Eduardo Osuna, explicó que en cada compra de gasolina existe un costo financiero asociado al pago digital.
“De cada 100 pesos que compras… el comercio recibe 98 y 2 pesos van a pagar los costos transaccionales”, detalló.
Reducir ese costo implica mejorar el margen del gasolinero, un sector que —según el propio Osuna— opera con ganancias finales de apenas 2% o 3%. En teoría, ese alivio permitiría sostener precios más bajos dentro del techo que busca imponer el gobierno.
Sin embargo, el beneficio no es automático. El consumidor no paga menos directamente por usar tarjeta; el ajuste ocurre en la cadena de costos. Es decir, el esquema favorece primero a la estación de servicio y sólo potencialmente al usuario final.
El subsidio, el verdadero ancla del precio
El elemento central no está en las comisiones, sino en la política fiscal. Carlos Serrano lo dejó claro al señalar que el impacto clave proviene del estímulo al IEPS.
“En la medida que el gobierno puede sostener el subsidio… podremos ver un impacto que no se traslada a la inflación”, afirmó.
Esto implica que el precio contenido de la gasolina no depende tanto de la eficiencia operativa, sino de la capacidad del gobierno para absorber el costo vía ingresos fiscales. En otras palabras, el consumidor paga menos en la bomba, pero el costo se traslada a las finanzas públicas.
Una ayuda condicionada al petróleo… y al tiempo
El propio Serrano advirtió que la sostenibilidad del esquema está atada a factores externos, como el precio del crudo. Si el barril se mantiene por encima de 90 o 100 dólares, la presión fiscal aumentará.
El riesgo es evidente: el alivio actual podría convertirse en una carga difícil de sostener si el entorno internacional se complica. En ese escenario, el subsidio —y con él el precio contenido— tendría límites.
Efectivo domina, pese al impulso digital
Paradójicamente, el esfuerzo por reducir comisiones ocurre en un mercado donde el efectivo sigue mandando. Osuna reconoció que cerca de 70% de las transacciones en gasolineras se realizan en efectivo, reflejo de un patrón de consumo arraigado.
Esto limita el alcance inmediato del programa, que depende del uso de medios digitales para generar ahorros.
El mensaje es claro: la estrategia para contener el precio de la gasolina combina eficiencia privada y apoyo público, pero descansa principalmente en este último. Mientras el subsidio se mantenga, el consumidor verá estabilidad. Cuando no, el costo real volverá a aparecer.
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