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Reacondicionar un celular puede ahorrar hasta 50% del gasto: México aún está lejos de Europa en economía circular
Comprar un dispositivo reacondicionado puede representar ahorros de entre 30% y 50% frente a uno nuevo, además de reducir significativamente el impacto ambiental. Aunque el interés crece en México y América Latina, la región todavía está muy rezagada frente a Europa, donde uno de cada cuatro equipos vendidos ya tiene una segunda vida.
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La economía circular comienza a ganar terreno en el mercado tecnológico mexicano. Cada vez más consumidores optan por adquirir teléfonos celulares, laptops o tabletas reacondicionadas, una tendencia que no sólo ayuda al medio ambiente, sino que también representa un importante ahorro para el bolsillo.
En entrevista con En Concreto Sebastián Jiménez, fundador y CEO de la empresa de reacondicionamiento tecnológico Refurbi, afirmó que los dispositivos recuperados y restaurados pueden venderse entre 30% y 50% más baratos que un equipo nuevo, manteniendo estándares de calidad similares e incluso ofreciendo garantías superiores a las de fábrica.
Ahorro para las familias y acceso a la tecnología
El modelo consiste en recuperar dispositivos en desuso, reemplazar piezas dañadas, realizar revisiones técnicas y ponerlos nuevamente en circulación. En el caso de Refurbi, los equipos reacondicionados cuentan con factura y una garantía de 14 meses.
La ventaja económica es evidente. Mientras la compra de un smartphone nuevo puede representar varios meses de salario para muchas familias latinoamericanas, un equipo reacondicionado permite acceder a tecnología de gama alta a una fracción de su precio original.
«Es inclusión tecnológica», explica Jiménez. «Muchas personas pueden acceder a dispositivos que de otra forma les resultarían inaccesibles, sin comprometer la economía familiar».
El crecimiento del mercado ya se refleja en la demanda. La compañía, que prepara el lanzamiento formal de su plataforma en México, reportó ventas superiores a las esperadas durante sus primeros días de operación en canales digitales.
Una segunda vida que reduce contaminación
El beneficio no sólo es económico. Cada dispositivo reacondicionado evita la fabricación de uno nuevo y con ello una importante huella ambiental.
Según datos compartidos por Refurbi, por cada teléfono o dispositivo que recibe una segunda vida se evita la emisión de aproximadamente 77 kilogramos de dióxido de carbono (CO2), el consumo de 75 mil litros de agua y la extracción de cerca de 244 kilogramos de materias primas.
Además, se reduce la generación de residuos electrónicos, uno de los problemas ambientales de mayor crecimiento en el mundo.
Para Jiménez, el mayor impacto no ocurre cuando un aparato se recicla al final de su vida útil, sino cuando logra extenderse su uso dos o tres años más mediante procesos de reacondicionamiento.
Latinoamérica avanza, pero sigue muy rezagada
A pesar del creciente interés, México y América Latina todavía están lejos de los niveles de adopción observados en Europa.
En países como Francia, España, Suecia, Finlandia y Reino Unido, los dispositivos reacondicionados representan ya alrededor de 25% de todas las ventas de equipos electrónicos.
La diferencia es enorme. Tan sólo en México se comercializan cerca de 24 millones de teléfonos celulares al año. Si el país alcanzara la penetración europea, alrededor de seis millones de esos equipos serían reacondicionados.
Actualmente, estima Jiménez, el mercado latinoamericano apenas representa entre 2% y 3% del total de dispositivos vendidos.
La buena noticia es que la aceptación ya no se concentra únicamente entre jóvenes. Aunque los consumidores de entre 18 y 35 años representan cerca de 30% de las compras, los segmentos de 35 a 50 años y hasta mayores de 55 años muestran una participación creciente.
El reto ahora es educar al consumidor sobre las ventajas económicas y ambientales de esta alternativa. «Un reacondicionado es mejor que nuevo porque es más responsable y porque permite gastar menos», afirma el empresario.
Con millones de dispositivos guardados en cajones, hogares y oficinas, el potencial para ampliar la economía circular en México sigue siendo enorme. El desafío será convertir esa conciencia creciente en hábitos de consumo permanentes, tal como ya ocurre en buena parte de Europa.
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