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Monitoreo estructural cobra relevancia ante la actividad sísmica en México

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Monitoreo estructural cobra relevancia ante la actividad sísmica en México

México registra, en promedio, 58 sismos al día, una actividad constante que ha puesto sobre la mesa la necesidad de replantear la manera en que se evalúa la seguridad de edificios, hospitales, hoteles y otras infraestructuras estratégicas del país, de acuerdo con datos del Servicio Sismológico Nacional.

La ubicación del territorio nacional dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica del planeta, incrementa la exposición a este tipo de fenómenos naturales. Los recientes movimientos registrados en Venezuela y el sismo ocurrido en Chiapas, que tuvo repercusiones en estados como Oaxaca, Guerrero, Puebla y la Ciudad de México, evidencian que el riesgo sísmico es permanente y compartido en la región.

Especialistas señalan que, además de los grandes terremotos, los movimientos de menor intensidad también representan un desafío para la infraestructura, ya que pueden provocar un deterioro progresivo que suele pasar desapercibido durante años.

Felipe Martínez, director general de Huella Estructural, destacó que el monitoreo estructural continuo permite conocer el estado real de la infraestructura crítica antes de que ocurra un evento sísmico.

“En ciudades como la Ciudad de México, contar con información previa sobre el comportamiento de estructuras como el metro, puentes, vialidades, escuelas, hospitales y hoteles es fundamental para prevenir riesgos y tomar mejores decisiones”, explicó.

El deterioro acumulativo, un riesgo silencioso

De acuerdo con especialistas, el riesgo estructural no siempre es evidente tras una inspección convencional posterior a un sismo. En muchos casos, el daño se acumula gradualmente y puede incrementar la vulnerabilidad de las construcciones con el paso del tiempo.

Ante este panorama, han cobrado relevancia los sistemas de monitoreo basados en sensores e Internet de las Cosas (IoT), capaces de registrar en tiempo real variables como vibraciones, inclinaciones y desplazamientos para detectar anomalías antes de que se conviertan en un problema mayor.

“El monitoreo estructural convierte datos en decisiones, ya que permite anticipar mantenimientos, priorizar intervenciones y evitar costos derivados de daños no identificados a tiempo”, señaló Martínez.

Prevención y ahorro económico

Además del impacto en la seguridad, la prevención también representa un beneficio económico. Expertos estiman que reparar una estructura dañada puede costar hasta siete veces más que implementar programas de mantenimiento preventivo apoyados en tecnologías de monitoreo.

Sin embargo, en México todavía no existe una normativa generalizada que obligue al monitoreo estructural continuo, por lo que especialistas consideran que existe una oportunidad para fortalecer las estrategias de prevención y reducir riesgos futuros.

El monitoreo de salud estructural, conocido como SHM por sus siglas en inglés, busca transformar el enfoque tradicional basado en la reacción ante emergencias hacia un modelo preventivo, que permita planificar mantenimientos, optimizar recursos y garantizar la operación segura de la infraestructura estratégica.

Los expertos coinciden en que avanzar hacia esquemas de monitoreo y prevención estructural contribuirá a fortalecer la resiliencia de las ciudades frente a la actividad sísmica que caracteriza a la región del Pacífico.

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