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CONSTRUCCIÓN

Santa Fe y Bosques atractivos para proyectos verticales

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La expansión urbana de la Zona Metropolitana del Valle de México continúa reconfigurando el mercado residencial, impulsada por la migración interna y la densificación que, de acuerdo con estimaciones de CONAPO, seguirá incrementándose durante la próxima década.

La zona metropolitana sigue creciendo y ejerciendo presión sobre corredores donde la vivienda vertical se ha convertido en la respuesta natural frente al encarecimiento del suelo, el cambio demográfico y la concentración de empleos.

En este contexto, un nuevo perfil de comprador se está consolidando al poniente de la capital: profesionales globalizados —entre ellos ejecutivos de empresas internacionales, nómadas digitales, expatriados profesionales de alta movilidad y mexicanos con ingresos en dólares— que buscan no solo un hogar, sino un activo patrimonial rentable, flexible y respaldado por servicios urbanos de alto nivel.

Para este segmento, zonas al poniente de la Ciudad, como Santa Fe, Bosques de las Lomas, Interlomas o Lomas del Chamizal representan un ecosistema funcional donde convergen oferta corporativa, movilidad vial en desarrollo, escuelas internacionales, hospitales privados y una creciente disponibilidad de vivienda vertical de calidad y servicios premium.                               

Este fenómeno ha comenzado a reflejarse en consultas y visitas a desarrollos de la zona. “Hemos visto un crecimiento en los últimos 18 meses de solicitudes de personas con ingresos en moneda extranjera o contratos internacionales que buscan departamentos con amenidades, gestión profesional de los inmuebles y ubicaciones estratégicas”, explica Angélica Soria, Líder de Comunidad en Agwa Bosques y Up Santa Fe de Desarrolladora del Parque (DDP).

 “Son compradores con movilidad laboral, estabilidad de ingresos y una visión más financiera: evalúan la vivienda como un activo que combina potencial de apreciación con conveniencia”.

Los alrededores de Santa Fe y Bosques han reforzado este atractivo y han registrado absorciones corporativas relevantes en los últimos trimestres. Este dinamismo sostiene una demanda residencial que tiende a ser menos volátil y que permite a los compradores globalizados operar con horizontes de inversión más claros.

Mientras los precios por metro cuadrado en zonas consolidadas del poniente se han mantenido relativamente defensivos frente a los ciclos económicos, los proyectos recientes en áreas aledañas ofrecen una ecuación atractiva entre valor, calidad y potencial de crecimiento. Bajo escenarios conservadores, analistas del sector estiman que los departamentos bien ubicados en estos corredores pueden generar entre 5% y 9% anual en plusvalía, impulsados por precios estables, demanda de renta por parte de perfiles corporativos y una base creciente de compradores con un perfil inversionista.

“Este tipo de inversionista busca minimizar fricciones: seguridad, administración profesional, espacios eficientes y amenidades funcionales. Ya no se trata solo de metros cuadrados, sino de activos inmobiliarios que se integran a un estilo de vida global”, detalla Soria. “El poniente de la ciudad, por su consolidación en servicios y cercanía a centros corporativos, se ha convertido en una zona natural para quienes desean proteger capital en mercados estables que aún ofrecen buenos retornos de inversión a precios competitivos”.

Incluso con los retos de movilidad de la ZMVM, la capital permanece entre los mercados urbanos más atractivos de Latinoamérica, con un costo de vida competitivo frente a otras ciudades de alta movilidad profesional, un volumen robusto de talento especializado y una conectividad aérea que facilita trayectorias laborales internacionales. Estos factores han contribuido a posicionar a la CDMX como un destino privilegiado para inversionistas que operan con moneda fuertey que buscan activos inmobiliarios con liquidez, resiliencia y riesgo moderado.

No obstante, la especialista advierte que este fenómeno debe leerse con prudencia. No existe aún una estadística pública que cuantifique cuántos residentes operan con ingresos dolarizados ni cuánto representan dentro del total de transacciones, y los valores de oferta no garantizan precios de cierre. La plusvalía futura depende de múltiples factores: infraestructura, demanda sostenida, cambios regulatorios, entorno económico y tipo de cambio.

Por ello DDP sugiere que la inversión inmobiliaria en estos segmentos debe pensarse con visión de mediano o largo plazo, con mentalidad de portafolio, y analizando riesgos de liquidez, mantenimiento, demanda de renta y fluctuaciones económicas.

No obstante, la tendencia es clara. “La apuesta ya no es el lujo tradicional, sino un balance entre retorno, flexibilidad y calidad de vida. El nuevo comprador piensa en valor, no en metros cuadrados, y estas zonas al poniente, poseen atractivo para invertir en mercados estables. El crecimiento de compradores globalizados y perfiles más diversificados, nos exige como desarrolladoras innovar: diseñar comunidades más funcionales, productos verticales mejor gestionados y modelos residenciales que se anticipen a un consumidor que compara oferta en distintas ciudades del mundo”, concluye Soria.

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