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Mundial 2026 y el reto de dejar legado social en México
La preparación de México rumbo al Copa Mundial de la FIFA 2026 contempla inversiones millonarias en infraestructura, modernización urbana y renovación de recintos deportivos. Sin embargo, especialistas y organizaciones sociales plantean una discusión adicional: cómo convertir el impacto del torneo en beneficios sostenidos para las comunidades.
Se estima que el evento genere una derrama cercana a los 3 mil millones de dólares, además de más de 6 mil millones de pesos destinados a infraestructura pública y recursos complementarios para estadios como el Estadio Azteca.
En paralelo, modelos de inversión social vinculados al deporte han ganado relevancia en agendas ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), al considerar al fútbol como una plataforma para recuperar espacios públicos, fortalecer la convivencia comunitaria y fomentar la participación ciudadana.
La organización love.fútbol, que cumple 20 años de operaciones a nivel global, ha desarrollado más de 100 proyectos en 17 países, con impacto en más de 138 mil personas. Su metodología se basa en la participación de comunidades en el diseño, construcción y activación de espacios deportivos.
En México, la organización ha implementado 21 proyectos enfocados en canchas y áreas comunitarias que funcionan como puntos de encuentro social y deportivo.
Datos del INEGI indican que una parte importante de la población practica actividad física en espacios públicos, lo que posiciona a estas instalaciones como activos relevantes dentro de estrategias de inversión social.
Especialistas señalan que el reto no se limita a construir nueva infraestructura, sino a garantizar su operación, mantenimiento y utilidad a largo plazo. Bajo esta lógica, el Mundial 2026 representa una oportunidad para estructurar alianzas entre sector público, iniciativa privada y sociedad civil orientadas a proyectos comunitarios medibles y sostenibles.
El legado del torneo, añaden, podría medirse no solo por la derrama económica o la renovación de estadios, sino también por su capacidad de fortalecer ecosistemas locales donde el deporte funcione como herramienta de desarrollo social.
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