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Mes de la Mujer: el trabajo invisible de las madres que sostiene la economía
Cada marzo, América Latina se llena de discursos sobre empoderamiento femenino, liderazgo y oportunidades. Sin embargo, hay un tema que aún permanece poco visible en la conversación pública: el tiempo que millones de madres dedican al cuidado, un trabajo esencial que, aunque sostiene hogares y economías, sigue siendo en gran medida no remunerado y poco reconocido.
Hablar de igualdad sin considerar el trabajo de cuidado deja incompleta la discusión. En el marco del Día Internacional de la Mujer, esta reflexión cobra especial relevancia, pues visibilizar el valor del cuidado es también avanzar hacia una sociedad más equitativa.
Detrás de cada madre hay jornadas invisibles que comienzan antes del amanecer y concluyen entrada la noche. Preparar alimentos, organizar el hogar, limpiar, acompañar a los hijos, brindar apoyo emocional y, en los primeros meses, sostener procesos como la lactancia, forman parte de una rutina constante que rara vez aparece en indicadores económicos, pero que resulta fundamental para el funcionamiento de la sociedad.
De acuerdo con datos de ONU Mujeres y la Organización Internacional del Trabajo, en América Latina y el Caribe las mujeres dedican hasta tres veces más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Esta brecha se amplía de manera significativa después de la maternidad, cuando muchas mujeres deben equilibrar responsabilidades familiares con actividades laborales o emprendimientos.
Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ha señalado que, si el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado se incorporara en las mediciones económicas, podría representar entre el 15% y el 25% del Producto Interno Bruto en varios países de la región.
La carga de los primeros meses: desafíos y oportunidades
Los primeros meses de crianza suelen ser una etapa especialmente demandante. Datos recopilados por la marca de productos de maternidad Momcozy muestran que más del 85% de las madres encuestadas se sienten abrumadas durante los primeros meses de maternidad, y una gran parte reconoce no contar con tiempo suficiente para sí mismas.
Esta sobrecarga refleja una realidad común en muchos hogares. No obstante, también puede convertirse en una etapa de transformación personal en la que surgen nuevas fortalezas, redes de apoyo y formas de reorganizar la vida familiar y profesional.
Muchas mujeres, de hecho, redefinen su identidad durante esta etapa para integrar la maternidad como una parte relevante de su vida, sin que ello signifique renunciar a sus proyectos personales o aspiraciones profesionales.
En este contexto, UNICEF ha subrayado que el bienestar de las madres es un factor clave para el desarrollo saludable de la infancia. Cuando cuentan con apoyo emocional, tiempo personal y recursos adecuados, mejora no solo su salud mental, sino también el entorno afectivo y estimulante en el que crecen los niños.
La apuesta por el bienestar de las madres
Para Momcozy, reconocer el valor del cuidado implica también generar soluciones que acompañen a las mujeres durante la maternidad.
“No podemos hablar del futuro de las familias sin reconocer el cuidado que las madres brindan cada día”, afirma Angélica Nieves, vocera regional de la marca. “Apoyarlas es fundamental para el bienestar del hogar y de la sociedad. A veces, ese apoyo también se refleja en herramientas que hacen más fáciles etapas como la lactancia y les brindan mayor tranquilidad en su rutina diaria”.
Desde esta perspectiva, el bienestar de las madres trasciende el ámbito privado. Tiene efectos directos en la estabilidad de los hogares, en la dinámica laboral y en el desarrollo social.
Por ello, la marca impulsa iniciativas y productos orientados a acompañar a las mujeres durante la maternidad, bajo la convicción de que fortalecer su bienestar también fortalece a las familias y a las comunidades.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, reconocer el valor del cuidado resulta fundamental. Cuando existe respaldo en tiempo, recursos y corresponsabilidad, se genera un efecto multiplicador que favorece familias más funcionales, comunidades más sólidas y economías con mayor capacidad de crecimiento inclusivo y sostenible.
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