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Vivienda

Vivienda sí hay quien la compre… lo que falta es poder construirla

*El Valle de México enfrenta un déficit superior a 400 mil viviendas, pero el problema no es la demanda: es la falta de condiciones para producir. Normas obsoletas, miedo a autorizar y desalineación entre autoridades frenan la oferta, advierte Jorge Gordon, presidente de Canadevi Valle de México.

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Vivienda sí hay quien la compre… lo que falta es poder construirla

El mercado de vivienda en la Ciudad de México y el Estado de México vive una paradoja: mientras la demanda está prácticamente asegurada, la producción se encuentra estancada.

Así lo advirtió en entrevista con En Concreto Jorge Gordon, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (Canadevi) Valle de México, quien sostiene que el principal obstáculo no es vender, sino construir.

Un ejemplo contundente lo confirma: un desarrollo de 80 departamentos en la alcaldía Venustiano Carranza logró vender 77 unidades en un solo fin de semana. “El problema no es la venta, es tener qué vender”, resume el dirigente, al señalar que existe un rezago habitacional gigantesco que no está siendo atendido.


Un déficit que crece mientras la producción cae

La magnitud del problema es crítica. Solo en la Ciudad de México se estima un déficit superior a 400 mil viviendas, mientras que la producción anual apenas alcanza el 1% de ese rezago. La situación se agravó en los últimos años: de construir entre 16 mil y 20 mil viviendas anuales antes de 2018, se ha pasado a niveles cercanos a apenas 4 mil unidades.

En el Estado de México, aunque no hay cifras exactas del rezago intraurbano, el panorama es similar o incluso más severo. La falta de vivienda asequible en zonas bien ubicadas se ha convertido en una constante, mientras la oferta se concentra en grandes desarrollos de alto costo o en zonas periféricas.


Normatividad obsoleta, el gran freno

Para Gordon, uno de los principales factores que impiden detonar la producción es la falta de actualización de la normatividad. En el Estado de México, por ejemplo, las reglas actuales fueron diseñadas para un modelo de expansión urbana de décadas pasadas, cuando era necesario urbanizar desde cero.

Hoy, en cambio, el reto es la vivienda intraurbana, donde ya existe infraestructura. Sin embargo, los costos regulatorios —como donaciones y derechos— siguen siendo los mismos, lo que vuelve inviable desarrollar proyectos en predios pequeños y limita la generación de vivienda accesible.

En la Ciudad de México ocurre algo similar. Instrumentos como la Norma 26, que podrían incentivar la vivienda asequible, enfrentan restricciones que impiden su aplicación en zonas donde más se necesita, como colonias con presión de precios o áreas con buena conectividad.


Miedo a autorizar y falta de ejecución

Más allá de las reglas, el problema también es institucional. Gordon señala que existe un “miedo” a otorgar permisos, incluso cuando los proyectos cumplen con los requisitos. Este fenómeno se agrava por la desalineación entre los distintos niveles de gobierno.

Mientras a nivel federal existe un discurso a favor de la vivienda, en alcaldías y municipios prevalece la cautela —o incluso resistencia— por razones políticas o presión vecinal. El resultado es una parálisis en la toma de decisiones que desalienta la inversión.

“¿Vamos a hacer vivienda o no?”, plantea el dirigente, al subrayar la incertidumbre que enfrentan los desarrolladores, quienes pueden pasar años sin lograr destrabar un proyecto.


Sin oferta, no hay acceso… ni solución social

La falta de producción tiene efectos más allá del sector inmobiliario. La escasez de oferta impulsa fenómenos como la gentrificación y encarece el acceso a la vivienda, especialmente para jóvenes y familias sin patrimonio.

Además, el impacto económico es amplio: la vivienda es el eje de una cadena productiva que involucra más de 30 industrias. Frenar su desarrollo no solo agrava el déficit habitacional, sino que limita el crecimiento económico de la región.


Actualizar, alinear y decidir: la ruta pendiente

Para revertir la crisis, Gordon plantea tres acciones clave: actualizar la normatividad para adaptarla a la realidad actual, alinear a todas las autoridades bajo un mismo objetivo y, sobre todo, ejecutar.

La oportunidad existe. Hay intención política, reconoce, pero falta traducirla en resultados concretos. “El discurso ya está, ahora hay que hacer que suceda”, afirma.

En una metrópoli donde millones buscan acceso a una vivienda digna, el tiempo apremia. Porque si algo está claro, es que la demanda no espera… pero la oferta, hoy, sigue detenida.

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