Vivienda
Infancias y vivienda: el impacto del abandono habitacional en México
El abandono de vivienda en México no solo representa un problema urbano y económico, sino una crisis social que impacta directamente a miles de niñas y niños. De acuerdo con datos del INEGI (2020), en el país existen cerca de 6.1 millones de viviendas deshabitadas, muchas de ellas ubicadas en zonas sin servicios básicos ni tejido comunitario, condiciones que facilitan la presencia del crimen organizado y normalizan la violencia en la vida cotidiana de las infancias.
Este fenómeno evidencia las limitaciones de una política pública de vivienda centrada en metas numéricas, más que en las personas. La falta de planeación integral ha generado entornos donde crecer implica convivir con inseguridad, exclusión y ausencia de oportunidades.
Según la Red por los Derechos de la Infancia en México, entre 145 mil y 250 mil niñas, niños y adolescentes se encuentran en riesgo de reclutamiento por grupos criminales, además de enfrentar rezago escolar, falta de identidad legal y exposición constante a contextos violentos.
La ausencia de servicios, espacios públicos y comunidad en fraccionamientos deteriorados o abandonados crea vacíos que son ocupados por la delincuencia. Para Eduardo Rivera, Gerente de Desarrollo Comunitario de Fundación Hogares, las consecuencias son profundas y estructurales.
“El abandono de vivienda se traduce en rezago escolar, falta de registro oficial y exposición directa a la delincuencia. En lugar de construir espacios seguros para las infancias, les resta oportunidades”, señaló.
Cuando la vivienda deja de ser hogar
Durante las últimas décadas se han construido millones de viviendas sociales en el país y se proyectan nuevas para el actual sexenio; sin embargo, en muchos casos no se han atendido las áreas de oportunidad detectadas por diagnósticos sociales y urbanos.
Numerosas viviendas carecen de servicios adecuados y las unidades habitacionales no cuentan con espacios públicos que fomenten la vida comunitaria. Las familias terminan abandonándolas cuando el costo del transporte, los créditos impagables o la inseguridad superan sus ingresos, dejando casas vacías que se convierten en focos de riesgo.
Las infancias que permanecen en estos entornos transitan por calles controladas por grupos criminales, presencian actividades delictivas y quedan expuestas al reclutamiento forzado o a la imposibilidad de asistir a la escuela. El problema va más allá de las pérdidas económicas: se trata de una fractura del bienestar social.
Un ejemplo es Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, donde se estiman alrededor de 77 mil viviendas deshabitadas en condiciones de alta vulnerabilidad. Los diagnósticos de Fundación Hogares han identificado situaciones críticas como:
- Niñas y niños sin actas de nacimiento, lo que limita su acceso a salud y educación.
- Menores que no asisten a la escuela por lejanía, rutas inseguras o falta de documentos.
- Madres y padres vinculados a actividades delictivas o privados de la libertad.
- Exposición cotidiana a la violencia como parte “normal” de su crecimiento.
Regenerar comunidades para cerrar el paso a la violencia
Frente a este escenario, especialistas coinciden en que la solución pasa por una rehabilitación integral urbana y social, centrada en las personas y con participación comunitaria. Fundación Hogares ha impulsado este enfoque mediante alianzas con instituciones como Infonavit, Sedatu, Nacional Monte de Piedad, World Business Council, así como con organismos de vivienda de países como Chile, Colombia y Francia.
A través de su modelo de intervención Haciendo Comunidad, la organización ha logrado reducir hasta en 24% la tasa de abandono de viviendas en contextos similares al de Tlajomulco, como en el caso de Valle de Puebla, en Baja California.
Entre las acciones implementadas en municipios como Tlajomulco, Mazatlán y Mexicali, destacan la creación de comedores y escuelas comunitarias, que además de dar nuevo uso a espacios deshabitados, fortalecen la educación, la nutrición y la protección de las infancias.
“Es posible prevenir que las niñas y los niños sean víctimas del crimen cuando existen políticas que cuidan los espacios y reconstruyen la comunidad. La transformación ocurre cuando organizaciones, gobierno y sociedad trabajan de manera conjunta”, concluyó el Gerente de Desarrollo Comunitario de Fundación Hogares.
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