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OPINIÓN

Peso seguiría estable cerca de 17.50 pese a riesgos internos y externos

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Peso continuaría con movimientos laterales en las próximas semanas en 17.50 pesos, aunque existen riesgos internos y externos

El peso mexicano seguirá operando dentro de un ambiente de movimientos laterales a pesar de los últimos acontecimientos presentados en la parte interna y externa, pues las cotizaciones mostraron relativa tranquilidad al presentar una apreciación de 0.12% durante la semana pasada y ubicarse en un precio de 17.32 pesos por dólar.

En el mercado de cambios nacional no se perciben grandes cambios en las negociaciones del tipo de cambio peso-dólar, todo parece que en las próximas semanas las transacciones seguirán respetando el rango de negociación que hemos pronosticado en las últimas semanas, por lo que, las operaciones seguirán manteniéndose entre 17.15 pesos como precio mínimo y 17.70 pesos como nivel máximo.

Sin embargo, en el Mercado de Futuros de Chicago (CME), los inversionistas comienzan a cambiar sus posiciones. La semana comprendida entre el miércoles 13 y el martes 19 de mayo, las posiciones especulativas netas a la espera de una apreciación del peso disminuyeron 2.78%, equivalente a 53.17 millones de dólares, para ubicarse en 1,799.91 millones de dólares.

El escenario se ve complicado para el peso mexicano más aún con la decisión de la agencia calificadora Moody´s de recortarle la calificación para la deuda soberana de México a Baa3, dejándola en el último escalón con grado de inversión.

El recorte refleja el deterioro fiscal, el gasto rígido, la baja de la base tributaria, el apoyo persistente a Pemex y el bajo crecimiento económico, aunque, la perspectiva pasó de negativa a estable, donde el riesgo es relevante porque dos de las tres principales calificadoras ya ubican a México a un escalón de perder el grado de inversión.

Adicionalmente, de perderlo elevaría los costos de financiamiento para el gobierno, empresas y hogares, agravando el deterioro económico de todo el país por algunos años y la recuperación del grado de inversión sería demasiado lenta.

Además de estos factores, también hay riesgos adicionales para la economía mexicana, pues la semana anterior, el presidente estadounidense, Donald Trump firmó una orden ejecutiva para restaurar la integridad del sistema financiero de Estados Unidos.

La medida instruye al Departamento del Tesoro a proponer cambios regulatorios que permitirán a instituciones financieras exigir pruebas de estatus migratorio y a y autorización laboral como parte de sus protocolos de conocimiento del cliente. Esto podría provocar un aumento temporal de remesas antes de que entren en vigor las medidas, pero posteriormente implicaría una caída de entre 10 y 20% en envíos a México.

Las remesas en México representan alrededor de 3.5% del PIB y 5% del consumo, una caída de 20% podría restar hasta 0.7% puntos porcentuales al PIB. Si la medida aplica desde septiembre, el impacto estimado sería de 0.23 puntos porcentuales, reduciendo el crecimiento esperado de 1.0% a 0.77%.

En la parte externa, durante la semana continuó la guerra entre Estados Unidos e Irán, aunque con señales contradictorias sobre una posible salida del conflicto. Al comienzo de la semana, circuló que Estados Unidos podría suspender temporalmente sanciones al petróleo iraní, lo que fue interpretado como un posible paso hacia un acuerdo de paz y la reapertura del estrecho de Ormuz.

Sin embargo, el optimismo fue limitado, pues Trump mantuvo un tono agresivo y advirtió que Irán tiene poco tiempo para aceptar un acuerdo e incluso destacó que podría ordenar “otro gran golpe” al comienzo de la próxima semana, si no hay avances sobre el programa nuclear iraní.

Asimismo, el principal impacto económico de la guerra sigue concentrado en la inflación y la posibilidad de alza en las tasas de interés. A pesar de que se observó una corrección a la baja en los precios de los energéticos durante la semana, estos permanecen en niveles elevados, lo que representa riesgos al alza para la inflación global, por lo mayores costos al consumidor de energía, transporte marítimo, fertilizantes y la posibilidad de efectos de segundo orden sobre las mercancías.

Es importante mencionar que, en Estados Unidos los inventarios del petróleo, incluyendo las reservas estratégicas, cayeron en 17.8 millones de barriles, su mayor caída semanal histórica. La baja respondió a una mayor demanda externa ante el bloqueo del estrecho de Ormuz, lo que podría generar presiones adicionales a los precios si la tendencia continúa.

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