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Más que el T-MEC, la incertidumbre frena la inversión en México
*La revisión del T-MEC no detendrá el comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, pero sí está inhibiendo nuevas inversiones. Para Gabriela Siller, directora de Análisis Económico de Grupo Financiero Base, el mayor reto está en reducir la incertidumbre interna, fortalecer la infraestructura energética y apostar por industrias de mayor valor agregado.
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La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) entró en una etapa que, más allá de poner en riesgo el comercio regional, está enviando una señal de cautela a los inversionistas. La incertidumbre sobre el rumbo que tomará el acuerdo durante los próximos años está llevando a empresas internacionales a posponer o incluso redireccionar proyectos productivos.
Así lo advirtió Gabriela Siller, directora de Análisis Económico de Grupo Financiero Base, quien explicó en entrevista para En Concreto que el proceso era previsible desde que se incorporó la llamada cláusula Sunset, la cual establece que, seis años después de la entrada en vigor del tratado, los tres países deben revisar y ratificar su continuidad. Si no existe consenso, las revisiones pueden extenderse anualmente hasta 2036, cuando el acuerdo podría expirar.
La inversión, la principal víctima
Para la economista, el comercio entre los tres países difícilmente se detendrá, incluso en un escenario extremo. Lo que sí está resintiendo el país es la inversión extranjera directa.
«Las empresas que esperaban ampliar sus plantas o instalar nuevas operaciones en México están prefiriendo esperar a conocer el resultado de la revisión del T-MEC», explicó.
Como ejemplo mencionó la decisión de Toyota de trasladar la producción de la Tacoma a Estados Unidos, movimiento que atribuye al ambiente de incertidumbre. De replicarse en otras compañías, México enfrentaría menores exportaciones, pérdida de empleos formales y una reducción en la llegada de capital extranjero.
Sin embargo, Siller considera que el T-MEC no es el único factor que preocupa a los inversionistas.
«La inversión fija bruta acumuló 19 meses consecutivos con caídas anuales antes incluso de que Donald Trump regresara a la presidencia de Estados Unidos», recordó.
Ello evidencia que parte de la incertidumbre tiene origen interno, derivada de cambios institucionales como la reforma al Poder Judicial, así como de señales que han deteriorado la confianza empresarial.
La mezcla de incertidumbres
A la revisión del tratado comercial se suma un entorno internacional complejo, marcado por tensiones geopolíticas, conflictos en Medio Oriente y políticas comerciales más proteccionistas desde Washington.
Para Siller, la combinación de incertidumbre externa e interna provoca que los inversionistas comparen a México con otros destinos antes de decidir dónde instalar nuevas plantas.
Aunque el Congreso y la Corte estadounidenses representan un contrapeso frente a decisiones unilaterales del presidente Donald Trump, el mercado seguirá atento a las negociaciones del T-MEC durante toda su administración, lo que prolongaría la cautela empresarial.
Lo que México puede hacer
Pese al panorama, la economista considera que México todavía tiene una oportunidad histórica para atraer inversiones, particularmente en industrias vinculadas con la inteligencia artificial y la fabricación de equipo de cómputo.
Actualmente, las exportaciones mexicanas de computadoras hacia Estados Unidos muestran un fuerte crecimiento; sin embargo, buena parte de los componentes proviene de Asia y en México únicamente se realiza el ensamblaje.
La especialista propone impulsar una política industrial que permita fabricar esos componentes dentro del país, elevando el contenido nacional y generando mayor valor agregado, tal como ocurrió con la industria automotriz.
Otro de los grandes pendientes es la infraestructura energética. La creciente demanda de centros de datos para inteligencia artificial abre una oportunidad para México debido a su cercanía con Estados Unidos, pero la insuficiencia de electricidad limita nuevos proyectos.
Por ello, plantea ampliar la participación del sector privado en inversiones energéticas, ejercer plenamente el presupuesto destinado a infraestructura pública, promover internacionalmente las ventajas competitivas del país y construir una estrategia conjunta entre gobierno, empresas y universidades para desarrollar una industria tecnológica nacional.
«La inversión requiere certidumbre. México tiene ventajas geográficas y productivas que siguen siendo muy atractivas, pero necesita fortalecer las condiciones internas para recuperar la confianza de los inversionistas», concluyó Siller.
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