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Nómadas Digitales

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Por Jorge Gamboa de Buen

En las últimas semanas se ha escrito mucho sobre el fenómeno de los nómadas digitales en la Ciudad de México y su relación con la expansión de los inmuebles comercializados a través de la plataforma Airbnb.

Para algunos ello arroja luz sobre el problema estructural de la vivienda en la ciudad ya que en los últimos años se ha producido un complejo fenómeno por el cual la CDMX está expulsando población a los municipios metropolitanos del Estado de México.

Los nómadas digitales constituyen una tendencia relativamente nueva que fue potenciada por la epidemia del COVID-19. La tecnología permitió trabajar de manera remota y la epidemia obligó a empleadores y clientes a aceptar la ausencia física. Esta condición, nunca antes vista en la historia de la humanidad, permite ejercer una enorme libertad.

Como al final las decisiones de las personas tienden a ser racionales – aunque a veces no lo parezcan – muchos individuos decidieron vivir en una ciudad que ofrece una combinación de vida más barata, buen clima, población local amigable, gastronomía, arquitectura y cultura. Así vemos en ciertas colonias como la Roma y la Condesa una multitud de jóvenes, fundamentalmente norteamericanos, que han elegido vivir aquí.

El fenómeno ha acaparado mucha atención y por eso hay que ponerlo en el contexto de su verdadera magnitud.

Las colonias Roma y Condesa en la Alcaldía Cuauhtémoc de la CDMX tienen tan sólo 70,000 habitantes entre las dos. Es difícil calcular el número de los extranjeros que han llegado a vivir allí en los últimos dos o tres años pero su número debe oscilar entre 3,000 y 5,000 personas. Pero al vivir, pasear y frecuentar cafés y restaurantes en tan solo una decena de cuadras parecen muchos más.

Además los nómadas digitales hacen promoción entre sus amigos y conocidos fomentando visitas temporales atraídas por las mismas características que ellos tanto valoran.

Por otra parte Airbnb resuelve un problema de mercado al mejorar la oferta de alojamiento y bajar los precios lo que beneficia a propietarios de casas y departamentos aunque genera el encarecimiento de rentas y problemas de convivencia con vecinos.

Sin embargo puede decirse que, al reducir la fricción en las transacciones eliminando intermediarios, la plataforma trae más beneficios que daños a la sociedad. No hay más que ver como Uber derrotó al mal servicio de los taxis.

Al ser tan visible la presencia de esta nueva comunidad se le ha empezado a achacar, de manera exagerada, su participación en la problemática del encarecimiento de la vivienda en la CDMX, de la ‘gentrificación’ y de la expulsión de población.

La consecuencia es que algunos colectivos y organizaciones de defensa han levantado la voz pidiendo leyes y regulaciones que resuelvan la problemática. En redes sociales y mediante manifestaciones se exige ‘sacar a la vivienda del mercado inmobiliario’ con el objeto de abaratar sus precios y evitar la subida de las rentas.

Pero hasta cierto punto la presencia de los nómadas digitales y el auge de Airbnb es un ‘problema feliz’ aunque muy difícil de regular.

Habla bien de una ciudad tener migrantes educados, con empleo y dispuestos a gastar parte de sus ingresos en rentas y restaurantes. Los nómadas digitales están ayudando a transformar, en la dirección correcta, la economía de la Ciudad de México.

Hasta pocos años el turismo de la ciudad era fundamentalmente de negocios conformado por viajeros que venían a trabajar. La ocupación anual promedio de los hoteles era de 60 a 70% pero concentrada de lunes a jueves.

Ahora de acuerdo a los hoteleros, aunque todavía no se acaba de reponer a niveles pre-COVID, la ocupación se extiende al fin de semana en parte porque el trabajo a distancia permite más flexibilidad y también porque la ciudad ‘se puso de moda’. Ello ha permitido aumentar la ocupación los fines de semana, las tarifas y la derrama en otros servicios.

En conclusión, aunque muy visible e inesperado y con ejemplos concretos de aumento de rentas y expulsión de inquilinos, el fenómeno de los nómadas digitales, su relación con el éxito de la plataforma Airbnb y el auge del turismo internacional no modifica los grandes números ni las tendencias del grave problema de vivienda en la CDMX. Que los grupos de presión y los actores políticos no caigan en la tentación de tratar de regular un fenómeno irrelevante a la problemática e imposible de controlar

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