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OPINIÓN

Samuel García, políticamente incorrecto.

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Como sin proponérselo, el si-gobernador-no gobernador-si gobernador y lo que siga, ha dado una lección de lo que no se debe hacer en política: jugar a hacer política; jugar con la voluntad popular; jugar con una responsabilidad adquirida por seis años y dejada a dos años de adquirirla… Suponerse inteligente e insustituible…: Es Samuel Alejandro García Sepúlveda.

Todo esto, y más han hecho que el proceso electoral con rumbo al 2 de junio de 2024 se enturbie y se contamine con aguas obscuras provenientes de los caprichos, de las necedades, de la arrogancia, la superficialidad, la ambición de poder y la vanidad:

Todo junto en un precandidato –¿o imposible gobernador? — que ha mostrado tal grado de incongruencias que difícilmente uno pensaría que pudiera ser presidente de México por sus supuestas fortalezas e ideas y mucho menos por el yugo de sus ambiciones y sus limitaciones políticas ahora evidentes: Ya no lo será. Se retira de la contienda y quiere recuperar su gubernatura.

El partido Movimiento Ciudadano lo impulsó para ser gobernador. Es uno que se presume inteligente, con grandes calificaciones académicas y que, cuando quiso ser candidato a la presidencia del país por el mismo Partido, se asumía como la fuerza joven, lo nuevo, lo novedoso, lo echado para adelante (exagera incluso su acento para suponer idea de fortaleza norteña y desparpajo); si, joven pero operado en política por viejos: Palacio Nacional, Dante Delgado…

Tiene 35 años. Nació en Nuevo León y allá hizo sus estudios profesionales en las áreas del derecho, fiscalista, administración de personal y de negocios. Y tal. Bien calificado, siempre quiso estar en el ojo público y ejerció diferentes tareas –vinculadas, incluso, con el periodismo–.

Se apuntó para ser gobernador luego del fallido gobierno del ‘independiente’ Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco” y lo consiguió, como supone conseguir todo lo que se propone tan sólo por su emoción personal y porque –ya ahora- ha contado con el apoyo y el aplauso presidencial…

Desde Palacio Nacional se felicitaba y se felicita a Samuel García por sus logros; en tiempos de crisis se le apoyaba y se le apoya desde ese mismo Palacio Nacional; se vio y se ve con beneplácito que fuera él y no Marcelo Ebrard el candidato de Movimiento Ciudadano a la presidencia.

Y Dante Delgado, el dirigente del Partido naranja, lo sabe; sabe que esto agrada al presidente y lo hizo a sabiendas de que jugarían al esquirol en contra del Frente Amplio por México.  

¿Samuel lo hizo bien como gobernador? ¿Lo hizo mal? Para muchos le dio impulso a la inversión extranjera en la entidad. Consiguió que el hombre más rico del planeta, Elon Musk, decidiera por Nuevo León como el sitio para edificar su gigafactory. A ello se refiere Samuel García cuando exalta el triunfo de la inversión extranjera en Nuevo León.

Si lo hizo mal, serán los neoloneses lo que califiquen los meses que estuvo como gobernador, si hubo resultados benéficos para la población y para toda la entidad, si hubo gobernabilidad, si hubo crecimiento económico, salarios, trabajo, seguridad, salud, educación, cultura, solaz, tranquilidad social, distribución de la riqueza y más…

Pero él, durante su toma de posesión prometió que no dejaría el cargo de gobernador de Nuevo León hasta que concluyeran los seis años de su mandato. Pero la ambición es canija… así que supone que tiene piernas de jinete para ser presidente. Se lo ha dicho Dante Delgado, se lo ha dicho Palacio Nacional, se lo ha dicho su gente cercana. Y él lo cree. Si, pero no.

Pero también debiera saber –si no es que ya lo sabe-, que las cartas están marcadas y Palacio Nacional apoya a Claudia Sheinbaum; quiere que sea presidenta, la primera mujer presidenta de México, como ya se ostenta.

Mientras tanto la participación de Samuel, estimulada desde ese mismo Palacio Nacional era la de restarle votos al FAM; quietarle votos a Xóchitl; debilitar su votación y conseguir un congreso con mayoría calificada para llevar a cabo las reformas a su modo. Y de muevo: Dante lo sabía y aceptó.

Samuel participa en ese juego macabro. Pero asimismo cometió el error de querer comer sopa de dos platos: solicitó licencia como gobernador de Nuevo León, quiso imponer al gobernador interino, un hombre de todas sus confianzas, quien le cuidaría las espaldas mientras él estuviera en campaña y quien le obedeciera y siguiera con sus propios proyectos de gobierno…

El Congreso Local, en razón a la legislación local y constitucional, decidió que es de ahí de donde debe salir el nombramiento del gobernador interino. Fue Luis Enrique Orozco, quien fuera vice fiscal de la entidad.

A García no le gustó la idea de que se le impusiera un interino, a pesar de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación encontró que es el Congreso quien debe decidir, o sea Orozco. Ahora Samuel intenta anular la licencia por seis meses que el Congreso local le otorgó. Es una necedad de García.

Así que para seguir el sainete que él mismo propició con sus decisiones ambiciosas y ambiguas, la noche del 1 de diciembre anunció que regresaría a gobernar la entidad, esto para no permitir que Orozco tomara posesión (¿Por qué tanto y tan grande interés en que nadie fuera de su círculo muy cercano y de confianza ocupe la gubernatura?) …

¿Qué sigue en este impulso por el poder local y la ambición por el poder federal –aunque García sabe que no lo conseguirá-? Ya se enfrentó su gente con las autoridades legislativas; ya irrumpieron en sesiones para negar la decisión del interinato surgido del Congreso.

Samuel García que tiene de cabeza a Nuevo León, está mostrándonos lo que en adelante serán las elecciones de 2024: la confrontación de unos con otros; la afrenta; la negación de las leyes; la negación de la Constitución; el uso de la violencia como forma de hacer política a modo; la participación de Palacio Nacional para crear piezas del ajedrez electoral…

Junio de 2024 parece lejano, pero ya se presagia el camino hacia esa fecha ineludible y cierta; un camino agrio y difícil para todos; peligroso para muchos. Falta ver la participación de fuerzas violentas de interés incierto. ¿Este es el país que se nos tenía prometido?  

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