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…UN TUIT PRESIDENCIAL | SALA DE ESPERA

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La incredulidad y especulaciones provocadas, el domingo 23, por un tuit del presidente de la República sobre sus problemas de salud que lo obligaron a suspender gira y reuniones de trabajo sobre el Tren Maya en Yucatán, son muestras de la crisis -en cualquier escenario- que vive el actual gobierno de la República al que le faltan pocos menos de 18 meses para cumplir su periodo constitucional.

El su cuenta personal de Twitter, el presidente de la República escribió a las 15:32 horas del domingo pasado: “Ni modo, amigas y amigos: salí positivo a COVID-19. No es grave. Mi corazón está al 100 y como tuve que suspender la gira, estoy en la Ciudad de México y de lejitos festejo los 16 años de Jesús Ernesto. Me guardaré unos días. Adán Augusto López Hernández encabezará las mañaneras. Nos vemos pronto”.

La “benditas” (según el propio presidente) redes sociales fueron implacables. Sólo su leales le creyeron. En ese momento ya algunos medios de información serios y prestigiosos especulaban sobre la probabilidad de un infarto y de, eso sí confirmado, de la movilización militar (del Estado Mayor Presidencial que ya no existe, pero que sí actúa como tal) para trasladarlo de inmediato en un avión de las fuerzas armadas a la Ciudad de México. Hay que hacer notar que en estas giras no hay cobertura de los medios de información, es decir sus reporteros no son invitados y lo que ocurre en ellas se da a conocer a través de la información de la oficina de prensa presidencial. En otras palabras; no hubo ningún reportero que pudiera contar de primera mano lo ocurrido. Para eso están “las mañaneras”, diría el presidente.

En las mismas “benditas” redes sociales miles de usuarios opinaron que el tuit presidencial no parecía redactado por el presidente, sino por alguien de su equipo o alguien cercano; que no es el lenguaje que él utiliza todos los días.

De su destino en la capital del país también hubo diversas versiones: el Hospital Militar, el Hospital Naval o Palacio Nacional.

En esas redes sociales hubo opiniones de todo tipo y con todas las intenciones. Sin embargo, una era muy notable: como creerle a quien de hace más de cuatro años miente todos los días, en todos los ámbitos de la vida nacional.  

Esta no es la primera vez que las fuerzas armadas mexicanas tienen que trasladar de urgencia al presidente de la República por cuestiones de salud. Curiosamente, la vez anterior también estaba el sureste del país. Y no es un secreto que el presidente padece de males cardiacos.

En cualquier país, democrático o no, la salud de su primer mandatario es un tema de interés nacional, no es un asunto personal. Los ciudadanos tienen el derecho a estar informados sobre la salud física y mental de su gobernante máximo. En México, la salud presidencial tiene efectos políticos, económicos y sociales, le guste o no al presidente.

Más: el tuit presidencial sobre su salud refleja plenamente el concepto que tiene él mismo sobre su gobierno: es un personal, no de instituciones. La “información” o la propaganda la proporciona él y nadie más; el presidente debe decidir todo porque él es quien debe de tener el control absoluto: el Estado soy yo.

También en las “benditas” redes sociales hubo quienes afirmaron que la enfermedad del presidente de la República es inexistente; que sólo es un distractor de otros graves problemas que vive el país: el conflicto con Estados Unidos por el combate al narcotráfico; en enfrentamiento con la Suprema Corte de Justicia de la Nación por diversos temas jurídicos; los lujosos viajes turísticos del secretario de la Defensa Nacional y su familia; la violencia diaria (Zacatecas y Tijuana, son ejemplos del fin de semana); el ya incontrolado juego de la sucesión presidencial y su efectos dentro del partido oficial; el crecimiento de los candidatos opositores en los procesos electorales en Coahuila y el Estado de México y lo que usted quiera agregar. Y, bueno, habrá quienes lo crean firmemente.

Sí, la salud del presidente de la República no es, o no debería ser, un juego.

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