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OPINIÓN

El voto tiene la palabra.

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Parafraseando aquella muy buena consigna de Los libros tienen la palabra, cosa muy cierta, en estos momentos en los que el país se debate en un proceso electoral de color escarlata, en el que toda la fuerza del Estado mexicano –digamos gobierno mexicano: federal, estatales o municipales, afines a la 4-T, han dado muestras de rebasar las leyes electorales para apoyar a su candidata…

Y en momentos en los que la revisión de lo que pasa y lo que ocurre en México en estos días y como consecuencia de casi seis años de 4-T, a la frase dicha valdría un módico cambio de sujeto: el voto. Si, el voto es el que decidirá quién habrá de gobernar a México durante los siguientes seis años (2024-2030): “El voto tiene la palabra”.

Esto, claro, si se cumple con la regla elemental de toda democracia o todo país que se presuma con sistema democrático en la elección de su gobierno. ¿México es un país democrático? Intenta serlo. No lo dejan.

Ya se sabe, el enemigo público número uno de la democracia es el gobierno en el poder, sea del color que sea. Quiere seguir en el poder político máximo. Quiere ser inamovible. Quiere hacer su voluntad política a su modo y forma…

Aun así: La solución para decidir lo que de veras queremos nos corresponde a todos y el primer paso para esa solución es la de votar-votar-votar, acudir prestos, todos los que tenemos derecho a ejercer el sufragio, para decidir qué sigue para el país.

Al Partido Revolucionario Institucional (PRI) le costó casi setenta años dejar el poder y dejar que los mexicanos decidieran a su gobierno. Así el año 2000 hubo una transición en México. Comenzó a gobernar el Partido Acción Nacional (PAN). Duró en el gobierno federal –en la presidencia- doce años: Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón Hinojosa. Al final el elector decidió volver sobre sus pasos y votó en 2012 por el regreso del PRI con Enrique Peña Nieto: fracaso de nueva cuenta.

Así que en 2018 los mexicanos votaron en mayoría –más de treinta millones de mexicanos al grito de guerra- por cambiar las cosas; por parar ya el ultraje de la corrupción, la desfachatez del abuso de poder; la ingobernabilidad, la arrogancia, la vanidad de vanidades del poder político máximo…: Así fue el gobierno de Peña Nieto.  

Eso es: Ya hartos de lo que ocurrió en México durante los seis años de Peña Nieto, al que hoy desde la 4-T no se toca ni con el pétalo de una declaración Mañanera (‘acuerdos son acuerdos’, se dirá), se votó por un cambio en 2018.

Un cambio de fondo. Un cambio que revolucionará al país hacia la justicia social, hacia la justicia y la seguridad, hacia la riqueza de todos y para todos, hacia la buena salud, la buena educación, la cultura sin adjetivos y el solaz… tanto que se prometió cambiar. ¿Cambiaron las cosas? ¿Estamos mejor que antes de 2018 en materia económica, laboral, educativa, salud, seguridad pública, ingresos, trabajo, gobierno de todos y para todos? En fin.

Al momento ya conocemos quién es quién en la lucha por conseguir la presidencia del país. De la señora Sheinbaum sabemos que seguirá a pie juntillas el mandato supremo de Palacio Nacional para continuar con la 4-T y que todo siga siendo lo mismo durante su gobierno. ¿Será?

La señora Xóchitl Gálvez oscila por su propio origen y vocación entre la socialdemocracia y los intereses de grupos de impacto económico. No es una candidata dejada y sí moderada al momento, no es ese personaje que conocimos y que aplaudimos hace tiempo: la respondona, la echada para adelante, la de las palabras pícaras, la de la agilidad mental para responder ‘como se merecen’… Conocemos algo de lo que propone si llega a ser presidenta… pero falta aún más.

Al señor Álvarez Máynez pues no: oculto en esa fachada de candidato moderado, está su franco apoyo a Claudia Sheinbaum y su interés en Movimiento Ciudadano para no perder el registro como partido político. Su obsesión por el gobierno de Fox para recriminar a Xóchitl su origen no se le cae de la boca y nos indica su verdadero interés: Quedar bien con el Presidente y con Claudia…

Pero lo dicho. Es importantísimo que la mayoría de los 98 millones de mexicanos que tenemos derecho a votar salgan a hacerlo; salgan a decidir qué quieren para México los próximos seis años… o más. Los indecisos deberán reflexionar con rigor y definir su voto; los votantes del castigo deberán ejercer su derecho a decir: “la mera verdad lo que pasó estos seis años no me gustó”… Los “chairos de closet” deberán mostrar su responsabilidad con ellos y con México…

De todos colores y sabores: el voto es nuestro capital político más importante. Sí. Hay que salir a votar. Hacerlo con seriedad. Con responsabilidad. Con rigor. Con idea de lo histórico del momento.

Con la consigna individual y colectiva de que México es más, mucho más que la ambición de poder, la ilusión de poder, el espejismo del poder, la arrogancia del poder, por mínimo que sea: Federal, estatal o municipal. Los mexicanos mandamos. Ellos deben obedecer: El voto tiene la palabra. Eso es.

“Nosotros, de quienes uno es tanto como vos, y juntos más que vos, os hacemos rey para que cuides nuestros fueros y privilegios, y si no: no”

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