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LAS PUERTAS DEL INFIERNO | SALA DE ESPERA

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El escribidor tiene 60 años de convivir con el fútbol, durante los cuales desde hace 56 ve campeonatos mundiales de la FIFA (el de 1966 sólo lo escuchó por radio y los leyó esencialmente en los periódicos) y durante casi 18 años lo práctico intensamente y hasta fue árbitro premiado, sin contar las muchas visitas a diversos estadios, entre ellos los que en 1986 fueron sedes del segundo Mundial mexicano.

         En 1966, en el de Inglaterra, el escribidor soñó o deseó por primera vez que la Selección Mexicana fuera campeona del mundo. Como siempre, la eliminaron -como hoy- en la primera ronda, aunque en aquellos tiempos sólo16 selecciones asistían a estos torneos.

         De aquel campeonato queda el recuerdo de la súplica radiofónica de don Fernando Marcos: “no falles, Borja, no falles” y Enrique al parecer lo escuchó y le anotó a Francia para conseguir  un empate en el primer partido. Luego perdería con Inglaterra y empataría con Uruguay sin goles, en el último partido mundialista de Antonio La Tota Carbajal. Cuatro años antes, en Chile, el mismo don Fernando se había lamentado públicamente con aquel “¿Por qué nos tienen que pasar siempre lo mismo?”, cuando Paco Gento, extremo de la Selección de España, anotó un gol al final del partido para sellar la derrota mexicana luego de que había vencido a Checoslovaquia, en su primera victoria en 32 años de mundiales.

         Desde entonces, a entender del escribidor, los lamentos de don Fernando Marcos siguen vigentes: preguntamos a gritos porqué nos tiene que pasar lo que nos pasa cada cuatro años y les rogamos a los jugadores que no fallen en que lo deben saber hacer y por lo que se les pagan millones y millones.

         El aspiracionista  “quinto partido” (cuartos de final; los mejores ocho equipos) de México en un Mundial es la nueva y mínima ilusión mexicana, aunque de hecho se haya logrado dos veces: en 1970, jugó cuartos de final, equivalente al quinto partido, en el formato de 16 equipos, y también en 1986. En ambas ocasiones, México fue sede mundialista.

         La última vez que la Selección Mexicana tuvo un fracaso comparable con el hoy fue 1978 cuando se quedó en la fase inicial, aunque en ese entonces no obtuvo ningún punto y apenas si anotó 2 goles contra 12 recibidos.

         Hace unas semanas en este espacio el escribidor opinó que los mundiales de futbol y los Juegos Olímpicos son una especie de recreo que los habitantes de este mundo necesitan en su largo y complicado trajinar cotidiano. No reniega de ello y  lo ratifica. Lo que ocurre es que para los mexicanos su aspiración se transforma en fracaso apenas a la cuarta partida de cada Mundial, ya ni siquiera pueden aspirar a la ilusión de ser campeones.

         Pero, no por ello los mexicanos tienen que renunciar a ese necesario recreo. Nunca lo han hecho. Siempre encuentran equipos sustitutos.

            Tal vez -es una simple propuesta para aprobarse en una consulta popular- los nuevos aficionados mexicanos deberían estar advertidos desde niños de esa histórica situación, y en las entradas de todos los estadios de futbol del país debería colocarse una advertencia muy notable y visible para todos, la frase del  tercer canto de la “Divina Comedia” de Dante Alighieri, que previene a aquellos que cruzan las puertas del infierno:

“¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”.

Se ahorrarían muchas desilusiones, explicaciones, enojos y justificaciones.

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