Por Gerardo Galarza

A fuerza de optimismo, algunos mexicanos podrán pensar y creer que vienen mejores tiempos para su país: todo indica que el presidente de la república ha decidido hacer lo que mejor sabe hacer: campaña electoral.

       Parece una contradicción, pero no; el presidente ya está en campaña para la renovación de la Cámara de Diputados, de 15 gubernaturas (14 en manos de la oposición), congresos estatales y municipios, para un total de 21,368 cargos de elección popular en los comicios más grandes que hayan ocurrido en la historia del país.

       No, no, el presidente no va a ser candidato a diputado ni a gobernador ni a nada, pero quiere ganar las elecciones con urgencia; necesita aumentar su aplastante mayoría, quitarle gubernaturas a la oposición; requiere de todo el poder concentrado en su sola persona para regresar al sistema político del presidencialismo imperial, en el que ninguna hoja del árbol de la política nacional se movía si no era voluntad del presidente de la república, el líder nato, el jefe máximo, el primer priista (ahora morenista) del país. Sólo está madrugando, como se decía en el argot priista.

       Nada de poderes independientes, nada de contrapesos, nada de organismos autónomos, nada de organizaciones de la sociedad civil. El poder como debe de ser (eso decían los priistas): total, único, indivisible.

       La campaña electoral del 2021 comenzó en el momento en que, sin venir a cuento (algunos lo vieron como una cortina de humo frente al desastre de la pandemia del covid-19), el presidente anunció que será el “guardián de las elecciones” para “defender” al pueblo de presuntos fraudes del Instituto Nacional Electoral (INE), el mismo que le reconoció su triunfo y organismo autónomo directamente construido por millones de mexicanos luchadores por la democracia.

       La visita del presidente mexicano al presidente de Estados Unidos ha sido comentada y analizada como una imposición del gobierno de Washington para apoyar la reelección de Donald Trump. Es probable que esa haya sido intención de aquel lado, pero también es cierto que su manejo mediático (incluida la invitación a empresarios dueños de medios de comunicación), su discurso y hasta la forma de hablar en la ocasión sean beneficiosos para las aspiraciones electorales del presidente… mexicano.

Después siguió la gira mediática por los estados de Guanajuato, Jalisco y Colima, bajo gobiernos opositores: PAN, MC y PRI, respectivamente; estados con serios problemas de inseguridad y violencia debido a las actividades del crimen organizado y la notable falta de coordinación entre los gobiernos federal, estatales y municipales para combatirlo. Poco ocurrió; lo más “importante” el anuncio de coordinación en las acciones gubernamentales, pero sobre todo la promesa presidencial de que no va a dejar solo “al pueblo”. Hasta hoy no se sabe ningún cambio de estrategia ni de ninguna acción coordinada. Al contrario, en las redes sociales ahora circulan videos de presuntos miembros de un grupo armado disfrazados de militares, presuntamente de uno de esos cárteles, en un supuesto reto al gobierno, que no mereció una respuesta contundente del presidente.

       Eso sí, antes, el presidente de la república emitió una inmediata, virulenta y descalificatoria respuesta a un desplegado firmado por 30 intelectuales y académicos que llamaron a la formación de una alianza opositora para las elecciones del 2021.

       Otros elementos utilizados en esta campaña electoral son la detención de César Duarte, exgobernador de Chihuahua, y la extradición negociada (hace unos años se denunciaría como “concertacesión en lo oscurito” ) del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, quien no llegó directo de España a la cárcel, sino a un hospital privado, “enfermo de anemia”. Dos casos que, explotándolos como saben, darán para escándalos de aquí al 6 de junio del 2021 y también para “apretar tuercas” a otros.

       Ya no habrá tregua en esta campaña desde el poder, a la que se sumarán las de los partidos políticos. Al final, los ciudadanos (sí, aunque no lo crea) son los que deberán decidir el futuro del país. Que no vayan a decir que no lo sabían.

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