El 6 de junio de este año, a saltos y trompicones se llevarán a cabo “las elecciones más grandes de la historia en México” como se canta a diestra y siniestra: son 21 mil puestos de elección popular….

… El problema no es si salimos, o no, a votar en masa ese domingo, a pesar de la pandemia y de las garantías que ofrece el Instituto Nacional Electoral (INE) de cuidados extremos en las casillas. O que quizá muchos no vayan porque para entonces gran cantidad de mexicanos al grito de guerra aun no estarán vacunados…

El problema más serio es la manera tan frágil como se construye ese proceso electoral en lo que respecta a candidatos de los distintos partidos políticos.

De un tiempo a esta parte, a la presunta fortaleza del gobierno actual no corresponde la ‘fortaleza’ de los partidos políticos mexicanos. Estos van en detrimento. Cada vez son más débiles en su composición ideológica como doctrinaria y sin proyecto de nación… Están en los huesos.

Para Morena su lucha es la de mantener su mayoría legislativa federal o estatales, conseguir la mayor cantidad de puestos de elección popular y seguir siendo la fuerza política predominante en México, con todo lo que esto significa de peligroso por concentración de poder…

… Y para lograrlo están dispuestos al “caiga quien caiga”, aun en contra de la voluntad social y aun por encima de las leyes, como ya se ve en el caso de su rechazo a aceptar la pérdida de candidaturas decretadas en ley por el INE, ergo, Félix Salgado Macedonio para el gobierno de Guerrero y al que quieren convertir en mártir de la democracia de forma artificial e indigna.

Para la oposición su única lucha parece ser la de la subsistencia política. La de conseguir algunas posiciones en gobiernos estatales y municipales y, acaso, mayoría legislativa federal o estatales, que le permitan tener voz y voto mayoritario en las decisiones que se sometan a su consideración.

Pero esa oposición está débil, desdibujada, sin coherencia social, sin apoyos ciertos de grupos sociales representativos en favor de cada uno de ellos. Viven en conflicto interno permanente. Parece que su lucha es más la de seguir en el espectro político aunque sea en la marginalidad y no ha hecho mucho para conseguir ser una oposición vigorosa, fuerte, representativa de la voluntad social de sus militantes o simpatizantes…

Es una oposición que desde las elecciones de 2018 perdió fuerza y apenas, de tiempo en tiempo, se manifiesta en contra de decisiones presidenciales, pero cuando se trata de obtener beneficios de políticos accede a otorgar su votación favorable en el Congreso o en apoyo de gobiernos o municipales, aunque contravengan con esto sus principios…

[Los tres nuevos partidos: “Fuerza Social por México”, “Partido Encuentro Solidario” (antes Partido Encuentro Social) y “Redes Sociales Progresistas” (RSP), están integrados por políticos interesados en el poder y la gloria, no el trabajo democrático o social y son dependientes de políticos mañosos, que estarán a disposición del presidente-Morena, porque ahí está ahora la fuerza y el poder.]

Pero si de principios se trata, precisamente la selección de candidatos a los puestos de elección es un verdadero desastre político. Están ahí candidatos que en democracias serias y rigurosas ni en la peor pesadilla política estarían ahí. Y los llaman. Y los acomodan. Y les entregan el poder; el chiste es llenar la cuota necesaria, aunque en muchos casos sea de basura.

El reciclaje de candidatos es ominoso. La reelección está a la vista. No hay cambio generacional. Es una burla para los electores. En muchos casos, como es el de Morena, tienen candidatos con antecedentes legales no esclarecidos aun o gente impopular en su entorno ciudadano, o candidatos impuestos desde Palacio Nacional. Y están ahí para nada sano.

En sus listas de plurinominales sobresalen personajes de los que la patria no tiene por qué sentirse orgullosa, porque llegan ahí por vínculos familiares o vínculos de interés o, simple y sencillamente “por orden superior” o porque “este me cae bien”… Y estarán ahí, para obedecer y callar.

Lo mismo ocurre con los partidos de oposición: estos han recogido a diestra y siniestra candidatos que les atraerán presencia y algunos votos, ya de la farándula, del espectáculo, del vacile musical… todo, menos perder presencia, aunque los resultados se presagian desastrosos para todos.

Y precisamente todo esto significa la descomposición del sistema democrático. De esa democracia en la que el ciudadano no es el que decide a los candidatos, y que no tiene alternativas porque no tiene voz y voto para disponer quién sí y quien no contenderá para obtener puestos desde tal o cual partido. Son los líderes de éstos, y sus intereses de vida, los que se imponen.

Al ciudadano llega a votar ya cernida la decisión de quiénes serán los candidatos. Al ciudadano sólo le quedará cruzar el signo político que prefiera, sin saber quién está detrás de esto. Sí lo saben los grupos de interés, los líderes políticos que manipulan a grupos sociales para salir en apoyo agresivo a cambio de futuros beneficios inciertos…

Al final ya lo vemos: la situación política de México es cada vez más contaminada, más frágil e incierta, más endurecida desde el gobierno federal y más ausente de principios democráticos con los que los ciudadanos participen y se responsabilicen de su futuro político, económico y social.

Este futuro está en manos de unos cuantos que deciden, negocian, intercambian, compran y venden, con candidatos de goma que brincan de partido en partido y que indignos obedecen y se dejan manipular porque creen que ellos manipulan, y ganan migajas. Los que perdemos somos la gran mayoría en México, con esa democracia fallida, como ya se ve hoy mismo.

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