Balance económico financiero 2021 – 2022

En el análisis económico y financiero semanal de CIAL Dun & Bradstreet, se indica que Banco de México (Banxico) estrena gobernadora: Victoria Rodríguez, quien ha señalado que dicha institución mantendrá su autonomía, y cuya prioridad seguirá siendo procurar la estabilidad de los precios, que es su mandato constitucional. Con su incorporación, la postura monetaria al interior de la Junta de Gobierno podría moverse hacia una tendencia a no priorizar las alzas en tasas ante las presiones inflacionarias que hoy experimenta el país (dovish).

Señan los analistas de la institución que, en la coyuntura actual, la mayor preocupación económica para México y el mundo es la inflación y, consecuentemente, la respuesta de los bancos centrales, por lo que, si predomina la lógica, estiman que la tasa Banxico se elevaría hasta 6.50% antes de junio de 2022, a partir del cual se mantendría constante por el resto del año. Esta situación se daría en condiciones en que la Reserva Federal Estadounidense (FED) podría adelantarse en su proceso alcista de tasas, posiblemente desde antes de junio. Además, aumentaría sus tasas tres o cuatro veces este año.

Después de junio, la tasa Banxico dejaría de subir siempre y cuando, la inflación empiece a descender desde el primer trimestre del año. A su vez, ésta sería posible solo si los precios internacionales de las materias primas se desinflan pronto. Mismo que también está condicionado a que la pandemia internacional sea controlada y no afecte más a las cadenas de suministro de insumos y bienes finales.

Si este escenario se cumpliera, Banxico tendría cierto margen de maniobra para mantener sin cambio su tasa de interés durante el segundo semestre. Ello, debido a que ya subió su tasa desde marzo del año pasado y el spread entre la tasa Banxico y de la Fed sería muy amplio, de más de 600 puntos base hacia mediados de año.

El tipo de cambio se mantendría relativamente estable y cerraría este año alrededor de los 21 pesos. Mientras tanto, el perfil de riesgo país de México se mantendría alrededor de los 200 puntos base o un poco más.

La actividad económica tarda en salir de la crisis

Señalan que el país está transitando de un relativo optimismo durante el primer semestre de 2021 a cierto pesimismo al inicio de este año 2022. Si algunos de los temas señalados a continuación no se resuelven a la brevedad, retrasarían la salida de la crisis y el PIB podría recuperar su nivel de prepandemia solamente hasta el año 2023.

Opinan que la coyuntura para México es compleja, de manera que la economía crecería solamente, 1.0% promedio anual durante este sexenio. Como hemos señalado, el gran factor determinante de este bajo crecimiento será nuevamente el que la inversión se ha detenido (caería 0.1% promedio anual en este sexenio). La conclusión es repetitiva e incuestionable: si la inversión no crece a tasas elevadas, es casi imposible que la economía crezca al 4% deseado.

Detallan que, durante el tercer y cuarto trimestre del año pasado, la economía mexicana reportó un virtual estancamiento, deteniendo los avances logrados en el primer semestre del año. De esta manera, la economía habría crecido alrededor de 5% en 2021, por debajo de las previsiones iniciales del sector privado, que esperaba una tasa arriba del 6%, y del mismo gobierno (6.5%).

En este año, la economía crecería solamente 3.2%. El mercado espera un crecimiento de 2.8%, lo que significa que la aparición de la nueva variante de la pandemia podría limitar la recuperación de nuestra economía. Además, hay otros factores que podrían limitar el crecimiento económico:

Primero, podría continuar la escasez de insumos a nivel mundial, esto a causa de las restricciones en la actividad productiva en países proveedores de insumos y bienes finales. Por ejemplo, China, un gran proveedor mundial, toma decisiones radicales a fin de evitar un rebrote de la pandemia, lo que genera problemas con el suministro de insumos.

Segundo, prevalece el riesgo de que los precios de las materias primas se mantengan elevados, lo que afectará a los costos de las empresas.

Tercero, estos costos podrían mantener una inflación elevada y obligar a los bancos centrales a subir sus tasas de interés.

Cuarto, una eventual aprobación de la reforma eléctrica seguirá generando desconfianza.

Quinto, los problemas socio políticos internos irresueltos: violencia, crimen organizado, corrupción, ambiente interno en contra del inversionista, incertidumbre, elecciones estatales y la revocación de mandato, ataques al INE.

La inflación repuntó en 2021 y debe bajar en 2022

Desde la óptica de los analistas de CIAL Dun & Bradstreet, es muy claro que el repunte inflacionario de Estados Unidos, México y el resto del mundo, en 2021, estuvo determinado, fundamentalmente, por los precios de los commodities internacionales. Aumentaron más de 50% durante gran parte del año. Esto llevó a una inflación cercana a 7% en Estados Unidos; 7.4% en México; 5% en la Eurozona; casi 11% en Brasil; más de 4% en Reino Unido, entre otros.

Es decir, fue una inflación por costos y por un tema de oferta (desabasto mundial), abonado por el cierre y/o paro en muchas empresas. En México, la inflación de 2021 fue la más elevada desde el casi 9% del 2000. En Estados Unidos no se veía este nivel desde principios de 1982 y en la Eurozona es la más alta desde 1991.

Solo en la medida que los precios internacionales de las materias primas se desinflen (menores aumentos), veremos en este año un proceso de desinflación mundial. En un escenario positivo, la inflación de Estados Unidos podría bajar hasta 3%, al cierre de 2022. En cuyo caso, la de México descendería hasta 4.1%. La inflación subyacente bajaría de 5.9% en 2021 hasta 3.9% en 2022. En un escenario adverso, si la variante Ómicron (u otras) de la pandemia se prolonga y genera restricciones a la actividad económica mundial, la inflación se mantendría elevada, inclusive con tendencia alcista. Si así fuera, sería el gran detonante para que la Reserva Federal de Estados Unidos adelante el ciclo alcista en sus tasas de interés (hoy está previsto para el segundo semestre).

Los demás bancos centrales tendrían que hacer lo propio. Por ello, el gran riesgo económico mundial sigue siendo la inflación, esto en condiciones en que los países van saliendo de manera diferenciada de la recesión mundial de 2020. Aunque pudiera prolongarse un poco, seguimos pensando que la inflación es transitoria. No es un tema de demanda, es más de oferta derivado de los cuellos de botella en la producción. Cuando los costos y los suministros se restauren, la inflación volverá a la normalidad. Puede darse éste o para el siguiente año.

Balance fiscal y deuda pública, en orden durante 2021-2022

El gobierno mexicano ha sido persistente en su política de procurar cierto equilibrio en las finanzas públicas. El año pasado, los ingresos públicos habrían crecido 3.3% real, mientras que el gasto creció 5.2%, resultando de esta combinación, un déficit fiscal equivalente a 3.2% estimado. Se trata de un déficit moderado que no pone en riesgo la estabilidad ni el perfil de riesgo del país. Es uno de los déficits fiscales más bajos a nivel de las 20 economías más grandes del mundo.

El gobierno también propuso no endeudar al país para enfrentar la crisis sanitaria de 2020-2021. La deuda pública ascendió a casi 51% del PIB estimado en 2021, con expectativas de leves disminuciones para los siguientes años. A nivel de las 20 economías más grandes del mundo, la deuda de México es de las más bajas. Por ejemplo, la de Brasil es 88% del PIB, 128% en Estados Unidos, 98% en la Eurozona y 266% en Japón, entre otros.

Estados Unidos seguirá impulsando nuestras exportaciones

El repunte económico de Estados Unidos, en el último año, impulsó 17.2% a nuestras exportaciones Comparado con la crisis de 2009 y su salida, el rebote exportador de 2021 ha sido más significativo. En este año, las exportaciones crecerían solo 6.6%, lo que se explica porque las ventas automotrices al exterior resienten con dureza la actual escasez de semiconductores, problema que se extenderá al menos durante el primer semestre del año. Solo en la medida que la pandemia mundial sea controlada y se restablezcan las cadenas de suministros, las exportaciones de vehículos empezarán a crecer.

La industria automotriz representa más de 28% de las exportaciones totales. Actualmente, las exportaciones automotrices caen de manera significativa y por sexto mes consecutivo (-20% en diciembre). Su repunte y recuperación total lo veremos hasta 2023, siendo determinante para que las exportaciones totales avancen 13.5%. Sin embargo, esa industria enfrentará ciertos riesgos, producto del T-MEC: contenido regional, posibles subsidios en Estados Unidos a su industria.

El mercado de vehículos se recupera parcialmente

El año pasado se vendieron 1.01 millones de vehículos en el mercado interno. Crecieron apenas 6.8% en el año, insuficiente para resarcir el desplome de 27.9% observado durante la crisis de 2020. Esto significa que los efectos de la pandemia, que resintió con gran rudeza la industria automotriz, aún no han sido superados. Las ventas de 2021 se ubicaron aún 37% por debajo de su máximo histórico de 2016 (1.61 millones de unidades), crecería levemente en este año (2.5%) y con cierta mejoría para 2023 (7.5%). Solo hasta el año 2028, estas ventas igualarían su máximo histórico de 2016.

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Por su parte, la producción de vehículos ascendió a 2.98 millones de unidades en 2021, observando caídas importantes en el segundo semestre. Durante todo el año, la producción se contrajo 2.0%, ligando cuatro años consecutivos a la baja. La producción está aún 24% por debajo de su máximo histórico de 2017 (3.93 millones de unidades). La escasez de insumos (chips) se prolongará durante este año, por lo que su recuperación será modesta, estimándose un repunte para 2023 (26.8%), siempre y cuando la crisis de la pandemia se haya resuelto satisfactoriamente.

Remesas, en máximos históricos

La entrada de divisas por remesas familiar es importante ya que  en noviembre creció 37.7% anual, una cifra extraordinaria que permite estimar que durante todo 2021 su ritmo habría sido de 27%. Esto significa que se intensificó el buen desempeño que tuvieron las remesas en plena crisis de 2020, cuando crecieron 11.4%. La cifra del año pasado habría sido cercana a los 52,000 millones de dólares, un máximo histórico que convierte a este segmento en una de las principales fuentes de divisas a la economía.

La cifra supera a la inversión extranjera directa, al ingreso por turismo, al ingreso petrolero, entre otros. Asimismo, las remesas equivalen ahora a 4.0% del PIB nacional, históricamente su proporción más elevada.

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