Joel Hernández Santiago

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Así que de pronto, como si fuera hoy mismo, y ya que estamos en el gusto sexenal por la historia –aunque en nuestro periodo de gobierno sea por la ‘Historia de bronce’–, viene al punto la frase sacramental con la que se coronaba a los reyes de Aragón en el siglo XVI. En el momento solemne, y antes de colocar la corona y entregarle la espada se le advertía:

“Nosotros, de quienes uno es tanto como vos; y juntos más que vos, os hacemos rey para que cuides nuestros fueros y privilegios, y si no: no”

Así mero era. Tal que el rey lo era para todos y a todos y a cada uno tenía la obligación de cuidar, proteger, formar gobierno para la producción y la creación, para la riqueza del reino y la distribución; como también para garantizar a cada uno sus derechos y responsabilidades así como los privilegios en tierras y bienes y derecho al trabajo… “Y si no, no.”

[El rito ceremonial comenzaba una semana antes del acto de coronación. Esta se realizaba en domingo, y durante esa semana, el rey debía ayunar el miércoles, viernes y sábado.

[En este día previo al de la ceremonia  el rey escuchaba misa, se bañaba y vestía luego una túnica, una dalmática blanca –el atuendo que llevan los sacerdotes al celebrar misa- y una esclavina púrpura bordada en oro. Después, ya al atardecer, la comitiva real salía del palacio de la Aljafería de Zaragoza y atravesaba el barrio de San Pablo por la calle de Predicadores, que por entonces era la más larga y una de las más importantes de la ciudad. La gente acudía en masa a las calles del recorrido y aclamaban al rey y le saludaban al grito de “¡Aragón, Aragón!”.

[El objetivo final de la comitiva era la Seo, donde el rey pasaba la noche velando sus armas –o al menos eso debía hacer…-. En la mañana del domingo se iniciaba la ceremonia dentro de la catedral  con la investidura del monarca como caballero, momento en el que el arzobispo le entregaba la espada y le bendecía. Leía la frase sacramental y advertencia. Tras esto comenzaba la solemne misa mayor y después el rey leía la declaración “Atorgamos e prometemos”. (“Historia de Aragón”. Martínez Gil).]

Pero no se necesita ir tan lejos en el tiempo para recordar día a día que hoy la democracia obliga.

Y lo dicho: Gobierna quien obtiene mayoría en las urnas; y es el elegido quien asume la responsabilidad total del país, de su gobierno, de su administración, de cuidar las leyes en las que se contienen nuestros derechos, nuestras obligaciones, nuestros privilegios, justicia, seguridad, nuestra defensa, nuestro esfuerzo y nuestro bienestar general: el de todos, uno a uno, todos juntos que somos quienes hacemos al país, al Estado, a la Nación y a quien el poder político, el gobierno y sus gobernantes se deben por igual. Ni más ni menos.

La única particularidad es la del proyecto de Nación con el que llega el ganador electo; su ideología de partido, su doctrina de partido y la identidad particular de quien gobernará por seis años a México en este caso. Pero bajo toda circunstancia quien gobierna lo hace para todos los mexicanos, sin excepción de partido político, creencia religiosa o ideología, ubicación, ocupación…

Y todo esto viene al caso porque en “La Mañanera” del 6 de febrero pasado, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, hizo una advertencia a sus no simpatizantes políticos  quienes, si no votaron por él no tienen derecho a opinión crítica ni reclamo.

Ese día manifestó su molestia por los “reclamos” que recibe de los ciudadanos en el aeropuerto, asegurando que todos vienen de personas que votaron por el PAN o por el PRI, que tienen “un sólo o mismo pensamiento”, y dio a entender en pocas palabras que no le importa quien no votó por él, porque no son parte de sus gobernados y sí sus adversarios políticos y enemigos ideológicos.

En el juramento para tomar posesión como presidente de México, según el artículo 87 Constitucional, asume: “Protesto guardar y hacer guardar la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la nación me lo demande”

No hacerlo excluye a la gran mayoría de mexicanos que no votaron por él: Esto es: de 127 millones de mexicanos, y 87 millones de ellos con derecho a voto, sólo votaron por el actual Ejecutivo 31 millones de mexicanos. Por tanto, 56 millones de mexicanos con derecho a voto, en 2018 –año de la elección-, no votaron por López Obrador y si por diversas fórmulas políticas o se abstuvieron…

Así que de los 127 millones de mexicanos que hay en el país hoy mismo, 96 millones no sufragaron en favor de AMLO. Esto hace que –según su criterio- quienes no votaron por él y sí por otros partidos, esa mayoría no tiene derecho a exigirle porque él gobierna –según se infiere de su dicho- tan sólo para los 31 millones que le otorgaron su voto el 1 de julio de 2018.

Y aquí recordamos a Bobbio, defensor del ideal democrático del gobierno de la mayoría para todos: “Un gobierno que respete las reglas no es necesariamente el mejor gobierno pero desde el punto de vista democrático es indispensable que se ajuste a ellas. El respeto de las reglas es fundamento de legitimidad.” Y respetar las reglas de la democracia constituye esa legitimidad.

Lo que evidentemente no le gusta al presidente mexicano es la crítica y acaso el reclamo público. No se percibe como un presidente al que hay que apoyar con puntos de vista distintos a los suyos. Y quienes lo hacen, aun siguiendo las reglas de la cortesía y el respeto que merece su investidura, reciben como respuesta su particular idea de la réplica: descalificaciones, adjetivos, reclamos.

El presidente los es para todos los mexicanos; por eso lo eligió una mayoría electoral; y por eso existe la oposición y quienes simple y sencillamente no votaron por él, pero todos mexicanos con derechos, con responsabilidades, con leyes que les cuidan y con obligaciones que cumplir: es la ley de la democracia y para la mejor convivencia. Lo demás no es democrático ni justo ni es ley.

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